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lunes, 10 de febrero de 2014

LOS PÁJAROS VUELAN: RETÓRICA DEL GOBIERNO

DISCURSO POLÍTICO: PRIMERA PARTE



Una sola respuesta para todo. Esa parece ser la mejor manera de no meter la pata, o al menos esa es la estrategia del gobierno ante las incómodas preguntas del ciudadano al que representan, o deberían representar. Aunque a veces es preferible eso al barroquismo gongoriano de Cospedal o Floriano cuando son pillados in fraganti y se ven obligados a transitar jardines lingüísticos de los que se les hace difícil salir, quizá porque no haya salida; o al aun peor infantilismo de Botella; o al  silencio sepulcral de Rajoy, más propio del que vela un muerto que del que dirige un Estado, a no ser que el muerto sea el Estado y esté asistiendo a su entierro.

   En todo caso la falta de verdad se encuentra siempre detrás del discurso, o delante según se mire, en línea con el pensamiento político autoritario de Platón, que conminaba a los guardianes del poder a mentir si era necesario para mantener la estabilidad de la comunidad. Eso sí, solo ellos y nadie más que ellos, según el filósofo, tenían el derecho, y hasta la obligación, de mentir. ¡Y ay de aquél otro que atreviera a hacerlo!

Parece pues que el hablar claro y directo no gusta al poder. Ya en la Edad Media se informaba al analfabeto con imágenes de ángeles y de la virgen. Ahora nos cuentan cuentos, también de ángeles y de la virgen. 

   Y al que no los escucha o disiente se le pone en un saco con la etiqueta “radical” y se le echa al río a ver si se hunde. Paradójicamente los gobiernos ultraliberales tienden a tratar a los ciudadanos como a una masa, como a esa masa silenciosa “ideal” a la que tanto aluden, extirpando así su individualidad. Toda una contradicción viniendo de los defensores de la libertad del individuo y de lo privado. Aunque quizá entendimos mal. ¿El error está pues en el lenguaje? Un poco como los griegos con su democracia, que no consideraba hombres a los extranjeros y esclavos, quizá individuos sean solo los de arriba. Quizá la libertad sea solo para ellos. Y los demás estemos para servir, esto es, pagar. La cosa no ha cambiado mucho en estos últimos 2000 años, cuando se privatizan las ganancias y se socializan las pérdidas. En la historia siempre pagan los mismos.

continuará...
Jaume Carreras